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¿Qué es el sonambulismo pediátrico y cómo tratarlo a tiempo?

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Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

Hay bebés que se duermen muy rápido y otros que pueden tardar mucho tiempo, dar vueltas, sollozar. Hay niños que se quedan dormidos en el automóvil de regreso a casa y, niños que no pueden dormir excepto que leamos algunas de sus historias favoritas. Hay niños que se despiertan a la noche y que pueden ser sonámbulos o que experimentan episodios de sonambulismo.

El sonambulismo entre niños es bastante común. Se lo conoce como sonambulismo pediátrico y lo que sucede es muy parecido a lo que vemos en las películas. Durante la noche o etapa de sueño, el niño puede levantarse y caminar por la casa, querer salir y hasta vestirse. O, levantarse de la cama pero quedarse sentado allí, hablando o mirando hacia algún lugar.

Es más frecuente entre los 4 y 8 años pero puede darse en otras edades y por distintos factores que no suelen ser graves ni una situación alarmante. A pesar de lo que se cree, es más frecuente en niños que en personas adultas. Y es muy común que se supere antes de los 10 años. 

Puede haber casos de sonambulismo aislados o puede ser recurrente. La causa más común si el sonambulismo es recurrente es un trastorno del sueño que no ha sido diagnosticado antes de los episodios. Al igual que sucede en los casos de adultos, a los que pueden sumarse otros trastornos.

Cómo se manifiesta

El niño se levanta de la cama, se sienta allí o se para y empieza a caminar sin ser consciente de sus actos. Puede tener los ojos abiertos e incluso parece que está mirando lo que hay a su alrededor. Pero eso no sucede porque quién sufre de sonambulismo suele confundir el lugar en el que está con otros. Suele pensar que está en un espacio distinto, como si fuera parte de un sueño.

Si se mueve es importante cuidar que no se lastime con los muebles de la casa o con otros elementos. Y, protegerlo de las posibles lesiones que pueda tener por estar en ese estado. Los episodios pueden durar entre 5 y 15 minutos y comienzan una vez que el niño durmió 1 o 2 horas. 

A la hora de dormir, los niños pueden resistirse o ceder y cada familiar tendrá su técnica para lograr que los pequeños al fin entren en el sueño. Una vez que empiezan a dormir y entran, por lo general, en el sueño profundo, en la fase REM, puede aparecer el sonambulismo.

Sonambulismo versus pesadillas

Un episodio de sonambulismo no es lo mismo que una pesadilla. Si bien las pesadillas pueden causar distintos movimientos en los niños y hasta que se levanten de la cama, se caigan o hablen, son dos fenómenos distintos. Entre los 3 y 6 años, desde un 10% hasta un 50% de niños tienen pesadillas.

Las pesadillas también se dan en el sueño REM pero, a diferencia del sonambulismo, el niño se termina despertando. Y, además, recuerda algunas partes de la pesadilla y puede contar lo que siente, lo que le dio miedo. En ese despertar no hay un estado de confusión y, a veces, está acompañado de palpitaciones, sudor, respiración corta y rápida, agitada.

Las situaciones muy estresantes como una mudanza, la separación de la pareja o episodios traumáticos como una muerte cercana o un accidente aumentan las pesadillas. Y, también, pueden ayudar a causar sonambulismo.

Qué es lo que sucede

En las fases III y IV del sueño profundo es cuando se da el sonambulismo. El niño se levanta sin despertarse y puede empezar a caminar por la casa para sentarse en la mesa de la cocina, lavarse las manos o realizar actividades que aprendió recientemente. Luego, vuelve solo a su cama.

Si un adulto lo encuentra puede guiarlo a su habitación y arroparlo. Sin embargo, cuánto más grande es el niño, más difícil es lograr que se acueste porque querrá seguir el camino que desea. Muchos niños pueden terminar durmiendo en el sillón del living, en otra habitación y hasta despertar a sus padres.

El sonambulismo no es peligroso en sí, el problema es lo que sucede cuando el niño camina por la casa y va realizando sus actividades. Puede llevarse por delante muebles, tropezar o hasta intentar salir de la casa al jardín, al balcón o a la calle, no responder si se le habla, abrir y cerrar puertas o ventanas, parecer torpe o hablar, entre otras.

Siempre es mejor no tratar de despertarlos porque es más fácil guiarlos de vuelta a su habitación y que sigan durmiendo. Si se los despierta, pueden agitarse, especialmente si son pequeños y, sentirse en una situación extraña sin entender qué les ha sucedido.No suelen entender por qué se los ha despertado y es común que no recuerden nada de lo que estaban haciendo.

Tanto el sonambulismo como las parasomnias pueden darse frecuentemente durante la niñez y desaparecer en la adolescencia. En otros casos, aparecen en jóvenes de entre 18 y 35 años. Aunque hay adultos que también las padecen.

Atención médica

Es importante que si se detecta se realice una consulta médica con profesionales especialistas en sueño o con el pediatra. El profesional sabrá guiar a la familia en el cuidado de cada niño y, además, podrá explicar cuánto hay de mito y realidad en el sonambulismo. De ese modo, evitará miedos y terrores provocados por malos entendidos e información errónea. Si bien suele ser inofensivo, el sonambulismo requiere de atención médica.

La mayoría de los niños superan el padecimiento y, para ello, los pediatras o profesionales médicos son los grandes aliados. Basta con el relato familiar para que un profesional de salud pueda diagnosticar al niño, analizar las posibles causas y descartar otros trastornos.

Si existiera otro problema de sueño, se puede hacer un estudio del sueño para analizar desde las ondas cerebrales hasta el nivel de oxígeno en sangre. Es importante detectar si hay un problema subyacente para tratarlo y mejorar el descanso del niño. El objetivo es poder ayudar al niño a que restablezca su ciclo de sueño y gozar de los beneficios de un buen descanso.

Causas posibles

Distintas situaciones y factores pueden favorecer la aparición de casos de sonambulismo. Por eso, también puede darse en forma aislada y no recurrente. Y, por eso, es importante tener en cuenta el contexto y la situación que está atravesando el niño.

La falta de sueño a la hora de dormir pero también la fatiga pueden provocarlo. También tener hábitos de sueño muy irregulares o con cambios de horarios bruscos como en el caso de un viaje y el jetlag. Estrés, ansiedad, alimentación con mucha azúcar y muy procesada, cambiar de casa o de lugar de sueño, estar bajo el efecto de medicamento son otros factores.

Si hay fiebre o alguna enfermedad que requiera que el niño consuma medicamentos como antihistamínicos, sedantes o estimulantes puede deberse a esto. O, si hay casos de sonambulismo en los adultos de la familia.

Si el niño sufre apnea del sueño, parasomnias, pesadillas o terrores nocturnos, lesiones en la cabeza o trastornos de comportamiento también pueden darse episodios aislados o un sonambulismo recurrente.

Consejos para el descanso

Siempre es importante garantizar que las horas de sueño sean tantas como el niño necesite. Suelen ser 8 o más horas y, para eso, necesitan casi lo mismo que los adultos. Un ambiente armónico, sin pantallas led alrededor, poca o nada de luz y un espacio en el que se sientan seguros. La seguridad es uno de los factores claves porque es lo que le permite al niño entregarse al sueño. 

Encontrar y organizar hábitos de sueño que garanticen un orden en la rutina ayuda mucho a prevenir el sonambulismo. Así como, también, pueden ser muy útiles las técnicas de relajación para guiar el sueño junto con lecturas recomendadas. 

Una rutina de relajación como bañar al niño antes de ir a dormir, escuchar música que promueva un estado de calma, crear un entorno cómodo y evitar dulces y alimentos procesados cerca de la cena también colaboran con la prevención del sonambulismo.

El cuarto del niño debe ser acogedor y muy tranquilo. La temperatura debe ser media, lo ideal es que sea menor a 24°C porque el calor excesivo genera insomnio. Y, la cama debe tener un colchón cómodo, liviano, acogedor, mullido. Un colchón en mal estado provocará en el niño un estado de incomodidad y podrá hacer que se despierte, que no logre descansar bien o que sufra otros trastornos del sueño. El colchón es la base de un buen descanso.

Hay colchones especialmente diseñados para niños, que absorben la humedad del cuerpo, y tienen espacios para que corra el aire. Además, son seguros y con telas hipoalergénicas. Suelen estar diseñados pensando en las necesidades del niño a la hora de dormir.

Por lo general, los niños se adaptan a todo pero el cuidado de su sueño es tan importante como el cuidado de su alimentación, su higiene o su estado de ánimo. Y, si bien el sonambulismo no suele ser grave, comprender cómo puede darse y cómo se manifiesta es importante para poder observar si el niño duerme bien, si descansa. 

Si el niño se levanta cansado, está fatigado o quiere dormir durante el día, las causas pueden ser múltiples. Pero si se trata de sonambulismo, tratarlo pronto y de manera adecuada, permitirá que el niño vuelva a su estado de alegría. Y, que el buen dormir vuelva a reinar en la casa.

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