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Esto es lo que te pasará por dormir poco o mal

photo of a woman sitting on the bed while covered by a white blanket

Photo by cottonbro on Pexels.com

Dormir poco o mal parece ser una costumbre que da la sensación de juventud. Hay adultos que consideran que son jóvenes, como adolescentes, porque duermen pocas horas por trabajo o por desvelarse con videojuegos o películas. No dormir, sin embargo, no es un símbolo de juventud sino un riesgo. Dormir mal tiene graves consecuencias para el organismo.

El estrés crónico cambia el cerebro. También lo hace el insomnio y el dormir mal. Está muy de moda preocuparse por la salud del cuerpo, estar en forma, comer sano, ingerir jugos verdes, practicar ejercicio, tomar sol, pasar tiempo al aire libre, caminar por el pasto pero poco se habla sobre el sueño. Un factor fundamental para mantenerse en buen estado.

El sueño es esencial en la vida de todo ser humano. El sistema inmunológico, las funciones cerebrales, el sistema nervioso y el digestivo y hasta la piel dependen del estado del sueño. No descansar bien va desgastando el cuerpo físico y causando distintos malestares que a largo plazo pueden ser graves. El estrés es uno.

De qué hablamos cuando hablamos de dormir

Al dormir, el cerebro elimina los recuerdos, memorias y desechos tóxicos que acumuló durante el día y que ya no le sirven. También guarda aquellos que fueron importantes y que necesita conservar para su funcionamiento. Además, se reorganiza, se limpia y recarga energías. Mantiene así la función cognitiva, reduce la fatiga mental y se encarga de la función emocional.

Las memorias a largo plazo son transformadas por el cerebro en este trabajo de regeneración que hace cada noche. Por eso, un buen descanso le da vitalidad al cuerpo, mantiene el bienestar y permite desarrollar la creatividad y resolver conflictos de una manera más sabia.

Cuando te privas del sueño, podés sufrir déficits de memoria, problemas en la atención, olvidar palabras, tardar en entender una situación sencilla o problemas de expresión. También cambia el sistema de recompensa y se interrumpe el adecuado funcionamiento de la inteligencia emocional.

Por otra parte, al dormir, el sistema inmunológico se regula y realiza una función similar a la del cerebro, de reorganización y limpieza. Necesita de las horas de sueño para mantenerse sano y activo. Cuando el sueño se ve interrumpido, este sistema puede fallar y no regularse adecuadamente, lo que hace que tu cuerpo esté más propicio a contraer cualquier tipo de enfermedad. Y, también, a acortar tu vida.

Horas de sueño

Ni dormir más de 8 horas ni dormir solo 2. Quienes duermen en exceso pero también los que duermen poco están más predispuestos a sufrir fallas en su sistema corporal y padecer distintas enfermedades. Es muy probable que quien no duerma bien lleve, sin quererlo, un estilo de vida poco saludable.

Una persona duerme poco si descansa menos de 6 horas y, por el contrario, duerme mucho si lo hace más de 10 horas. Los niños deben dormir más, unas 11 horas y los adolescentes unas 10. La falta de sueño, entonces, puede ser un síntoma o la causa de una mala salud. Dormir mal impacta directamente en la salud a largo plazo.

El ejercicio es un inductor indirecto del sueño. Las personas que tienen una rutina diaria de ejercicio duermen mejor. Por el contrario, las personas que duermen mal son más propensas a ser sedentarias y tener rutinas fijas que los llevan a adoptar hábitos menos saludables.

Hay distintos tipos de personas: algunas necesitan dormir 6, otras 8, algunas prefieren despertarse bien temprano y otras, quedarse despiertas hasta tarde. Pero ese es el rango de horas necesarias para obtener un buen descanso. Menos horas o más no son indicadas para obtener los beneficios del sueño. 

La privación del sueño

A largo plazo, las personas que no duermen la cantidad de horas que necesitan, debilitan su sistema inmunológico, pierden capacidad de memoria, aumentan el estrés y pueden hacerlo crónico, entre otras. No dormir está asociado a casos de diabetes, aumento de la presión sanguínea, obesidad y problemas en el corazón. 

En el libro 24/7. El capitalismo tardío y el fin del sueño, Jonathan Carry retoma la película Solaris de Andréi Tarkovski de 1972 y que lleva a un extremo los problemas de la privación del sueño. Los protagonistas de la película son un grupo de científicos que viven en una nave y entorno totalmente iluminado, por lo que sufren insomnio crónico. 

Esto los lleva a tener una crisis cognitiva: sufren alucinaciones, su integridad física se ve debilitada, pierden la memoria y viven en un presente como eterno. El sueño permite regenerar la memoria, eliminar lo que sucedió durante el día que no es necesario almacenar y guardar los recuerdos y la información que sí serán útiles en el futuro, entre otras cosas.

En el mismo libro, Carry cuenta que la privación del sueño es considerada una persuasión psicológica y no una tortura por los principales medios de comunicación. Y que, a partir de septiembre de 2011, el ejército estadounidense empezó a entrenar a sus soldados para no dormir y rendir más en situaciones de guerra. 

Algo así como lo que propone el sistema de trabajo 24/7, es decir, trabajar 24 horas los 7 días de la semana. Por supuesto que esto no se puede lograr con una sola persona pero la necesidad de conexión constante y el acceso continuo a las herramientas de trabajo confunde los límites. Los casos de ansiedad y depresión aumentaron en los últimos años por la dependencia a la tecnología y por, entre otras causas, la falta de sueño.

Hay casos como los de las empresas que no cierran: aeropuertos o servicios de vigilancia que debieron armar equipos con turnos rotativos para garantizar el descanso y la vida saludable de los trabajadores. De esa manera, distintas personas cubren las 24 horas del día pero en turnos de 8, 9 horas como máximo. 

¿Qué pasa cuando no dormís?

Lo primero que aparece es una sensación de somnolencia que puede durar todo el día aunque haya momentos de mayor actividad o más lucidez. Lo siguiente es la necesidad de dormir siestas breves y de hasta quedarse dormido en posición vertical por algunos segundos. Muchas veces, la persona no es consciente de eso porque los ojos se le cierran sin que lo note. 

Por otra parte, no descansar bien afecta el desempeño diario. Si no dormís bien no podrás pensar claramente y lidiar con pequeños obstáculos diarios puede parecer una tarea muy ardua y difícil. Se pierde la capacidad de reaccionar rápidamente, las situaciones y nombres se pueden confundir, no se crean recuerdos y podés sentir mucha angustia por algo que en un día normal puede parecer banal.

El estado de ánimo se ve afectado por completo. Ese es uno de los problemas en el entrenamiento que realiza el ejército de Estados Unidos. Cuando no dormís aumenta la irritabilidad y la depresión. También aparecen problemas en la relación social con otros y crece la ansiedad.

La obesidad en adultos y niños muchas veces se da por problemas en el sueño, ya sea por una falta o por un mal descanso no detectado. Lo mismo sucede con las enfermedades cardíacas y puede llevar el cuerpo a un estado prediabético porque el cuerpo no puede regular la glucosa. 

La hormona ghrelina está vinculada directamente a la sensación de hambre y es producida en exceso por quienes no duermen. Al mismo tiempo, no producen o lo hacen en forma deficiente la hormona leptina, que es la que brinda saciedad. Por eso, el riesgo de obesidad aumenta. Así como la posibilidad de sufrir demencia a largo plazo. 

A nivel neurológico, las tareas que requieren coordinar distintas partes del cuerpo como la vista con las manos o con las piernas, por ejemplo, se dificultan hasta hacerse casi imposibles si la falta de sueño permanece en el tiempo. Y no siempre se da en casos extremos. 

El mayor problema de la sociedad actual es que la persona que se priva del sueño no registra lo que va perdiendo o lo que empieza a fallar como, por ejemplo, la coordinación motriz. Los episodios pueden ser tan pequeños y el sedentarismo tan alto que quizás ver los cambios puede llevar mucho tiempo. Mientras tanto, el cuerpo se ve afectado sin que la persona lo note.

Por otra parte, si pasaste algunos días durmiendo poco o mal porque debías entregar un trabajo y la última noche decidiste beber para festejar el fin de esa rutina, el efecto del alcohol en tu cuerpo se verá magnificado. La persona con fatiga se verá más afectada que la que descansó bien.

Por último, la privación del sueño debilita el sistema inmunológico al punto tal que cualquier vacuna se vuelve menos efectiva si la persona que la recibe no ha descansado bien el último tiempo. Las infecciones también son más fáciles de contraer en personas que duermen poco o mal.

Dormir o no dormir esa no es la cuestión

Cada noche atravesas distintos ciclos de sueño. Cada uno dura entre 60 y 100 minutos y, en cada uno suceden distintas cosas. En los primeros minutos, estás en un estado entre despierto y dormido mientras los músculos empiezan a relajarse, disminuye la frecuencia cardíaca y la respiración se desacelera. Esto le da lugar al sueño más profundo que llega en la etapa 3, después de la somnolencia y del sueño ligero.

En la etapa 3 es donde el cuerpo realiza la mayor parte de las actividades nocturnas y que el cuerpo necesita para mantenerse en estado saludable. Lo más interesante es que después se vuelve al sueño ligero o etapa dos y se produce la etapa de movimientos oculares rápidos y aparecen los sueños.

Esta etapa de movimientos oculares o REM se empieza a alargar en cada uno de los 5 o 6 ciclos de sueño que deberías tener cada noche. Por eso, cuando se duerme mal o poco la salud se ve afectada. Por eso, también quienes trabajan por turnos rotativos (a veces por la mañana, a veces por la noche) se enferman con más frecuencia o empiezan a tener problemas cognitivos, obesidad o diabetes, entre otras.

No es un extremo o el otro sino el equilibrio. Pueden haber etapas de más horas de sueño o de menos por algún trabajo puntual o una entrega pero esto no puede ser un hábito. Dormir poco o mal regularmente es un problema grave con consecuencias. Lo ideal es respetar el ciclo de sueño porque el sueño no es acumulable. Un día sin dormir es un día perdido para el cuerpo y su funcionamiento.

Si dormís mal o poco deberías consultar con un profesional de la salud, empezar a realizar actividad física por la mañana, yoga, meditación o ejercicios de respiración consciente que te permitan volver a adoptar una rutina de sueño saludable. Dormir es clave para que la vida siga y tu cuerpo pueda mantenerse activo y sano por más años.

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